Viaja, emprende, organiza, capacita, escribe, reflexiona, cocina.
Leonardo Morsella es uno de los cocineros con más años recorridos en
la gastronomía de Villa La Angostura. Filoso en sus comentarios y auténtico
como su cocina, a la que denomina “comercial ”.
"Apenas encendí el grabador para “desgrabar” la nota con Leo, me encontré
con lo que sigue. Lejos de editarlo e intentar contextualizarlo para
lograr la apertura de la nota me pareció que resume en gran parte el
leit motiv de la misma. Aquí va:
Es muy difícil analizar un restaurant quitando la parte comercial
del medio. Yo hago cocina comercial. Hacer cocina lirica te lleva a
fundirte, sobre todo si no tenés un hotel que te respalde.
-¿A qué le llamas “cocina lírica”?
Yo creo que es aquella que no le da bola al cliente, que trata de trasmitir
lo que el cocinero quiere sin importarle quien se siente, y sin adatarse
al paladar de la gente, sino simplemente al paladar del cocinero, como
un artista que dibuja para el mismo, mas allá de que le importe quien
lo entienda y quien no.
-Dame nombres.
A ver, muchos dicen que (Francis) Mallmann es un lírico, y que funde
restaurantes, pero cuando Mallmann hablaba del corderito patagónico
nosotros lo único que vendíamos era vaca. Cuando inventó el ojo de bife
nosotros simplemente vendíamos bife de chorizo. Cuando el Gato Dumas
empezó a hablar del aceite de oliva, todos seguíamos con el de girasol.
Cuando todos empezamos a hacer deconstrucción, Darío Gualtieri ya la
había hecho hacía tres años. Entonces, aquellos que se adelantan y empiezan
a imponer productos desde un restaurant, probablemente terminen fundiéndose,
porque hasta que la gente lo adopta… Es decir, no somos educadores,
creo que si sos medianamente exitoso, o usemos la palabra “sustentable”
en el negocio, en el tiempo podés hacer que tu consumidor vaya entendiéndote
y de a poco, aceptando ciertos cambios.
-¿No creés que eso pasó mucho más fácil con el vino?
Totalmente, creo que fuimos todos, desde las bodegas hasta los restaurantes,
los que enseñamos a tomar vino. Con esto de tener sommelier o gente
que sepa y convenza porqué tenés que dejar de tomar siempre las marcas
masivas y empezar a probar, por ejemplo, las boutique. Eso, de alguna
forma, es capacitar al cliente o capacitar paladares, con los platos
pasa lo mismo: “probá este salmón sin ninguna salsa y vas a notar la
diferencia, o probalo en el punto que te estoy diciendo”. Si no, terminaríamos
comiendo todos ciervo a la cazadora. Por eso que a mí me aplaudan por
una fondue de queso me da vergüenza.
-¿Por qué?
Porque es un queso derretido con pan, no tiene ningún misterio, y como
cocinero sé que la única elección que hubo fue la marca del queso. A
mí me encantaría que me aplaudieran por los platos de creación propia,
aquellos donde puse siete sabores, si no… ¿qué comiste? Bourguignon
y fondue… le digo gracias, pero voy a aplaudir a la vaca…
-¿Pero con una pizza pasa lo mismo?
No, ahí está. En una pizza, o una milanesa, en los platos más simples,
es donde uno puede ver los grandes cocineros, que muchas veces no son
famosos ni mucho menos. En un bife de chorizo con papas y huevo frito,
un huevo frito que no está en su punto no sale. Es como una mujer a
cara lavada, ahí es donde te das cuenta si es linda o no. Cuando salgo,
y pido milanesa con papas fritas, y me dan papas fritas de paquete me
quiero matar, y me peleo con el cocinero, “¡¿cómo puede ser que en un
lugar donde la gente viene a comer minutas no te esmeres en hacer una
papa frita casera?!”.
-Bueno, ahí está la cocina comercial…
Sí, pero la mentalidad es: “¿sabes cuánto me ahorro teniendo un paquete
frisado de papas fritas? En tiempos, en personal, la mugre que evito…”
Por mi parte, trato de hacer una cocina donde pueda halagar al cliente,
y donde el cliente no se sienta limitado a la cocina del cocinero. Después
de estar más de diez años en la Patagonia, sé que tengo clientes que
pasan una vez por año, y si yo saco de carta el plato que vienen a comer,
me quieren matar. Porque me dicen: “¿Vengo una vez por año a comer acá
y vos me sacás el plato? ¿Qué me importa si cambiaste la carta o te
aburriste? Yo no me aburrí de tu goulash o de tu lomo con aceto balsámico…”
Ahora, si un cliente me pide que le saque la salvia de una salsa, y
la salvia armonizaba los demás ingredientes y sabores de plato… como
cocinero te molesta.
-¿Pero la sacás igual?
Sí. Mientras entienda que no estoy vendiendo el plato que quería vender.
En contra de mi voluntad. No salgo a pelearme con el cliente. Conozco
anécdotas de chefs franceses que salieron al salón para demostrarle
al cliente que el punto que pidió era el equivocado. Yo no. Porque ese
plato queda entre él y yo. Y si ese cliente se va contento, bienvenido
sea, él comió lo que quería comer y yo logre hacerle lo que quería.
Perfil
En un principio cursó estudios de publicidad y marketing de donde
surge la aplicación de conceptos como pensamiento lateral e innovación
a la cocina y sus recetas. Las técnicas básicas las aprendió en
Bue Trainers con los primeros profesores venidos de Suiza. Paralelamente
se capacitó en IBAHRS, con Alicia Berger, seminarios con profesores
extranjeros y pasantías en los hoteles y restaurantes de Buenos
Aires. En 1993 comienza a tomar contacto con la Patagonia realizando
temporadas en el Hotel Bahía Manzano de Villa La Angostura hasta
que en 1996 se traslada junto a su familia al Sur para hacerse
cargo de la Gerencia de Alimentos y Bebidas del mismo. En 1998
se aleja del cargo para crear su restaurant La Macarena. Luego
en 2001 se hizo cargo de la cocina de otro restaurante llamado
Waldhaus de un estilo más conservador y europeo.
Los Restaurantes:
Waldhaus
Dirección: Av. Arrayanes 6431 – Pto. Manzano Tel: 0 2944 475323
Mail:
Horarios: De miércoles a domingo de 20hs a 24hs
Cocina: Cocina regional moderna
La Caballeriza
Dirección: Av. Arrayanes 44 – Villa La Angostura Tel: 0 2944 494248
Horarios: De 12hs a 1hs
Cocina: Parrilla Argentina |
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